sábado, marzo 03, 2012

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Quisiera no equivocarme nunca. Decidir sin el miedo y la incertidumbre de saber que puedo estar arruinando mi vida a futuro y a cántaros. Quisiera estar segura de saber que es así, que lo que pienso en este momento es lo correcto e irrevocable. Que no habrá porque escuchar un "te lo dije" o no pasará por mi cabeza un "que hubiera sido si..."
Quisiera ser mi propio Oráculo. Saber leer mi porvenir en la bola de cristal. Echarme las cartas cambiando espadas por bastos, según la conveniencia.
Porque para no errar, para no lastimarme, para no arrepentirme el secreto es pensarlo cien veces. Es no tirarme al vacio. Es no arriesgarme.
El problema es que siempre quiero todo. Siempre quiero el paquete completo. Y eso está bien en las ofertas del supermercado, pero no en la vida.
No pensar y además salir bien librada. Enamorarme y no llorar ni una sola vez. Abandonar todo para empezar de nuevo y no titubear sobre la decisión tomada.
Y eso no se puede. Ni en el mejor de los mundos posibles.
Si algo he aprendido en mis tropezados 24 años es que hay que elegir siempre.
Cuando tomo algo, abandono todo lo demas que ese algo no es.
Si elijo el camino izquierdo, desconoceré por siempre el derecho.
Si decido ser esta entonces ya no seré aquella.
Y no hablo de la incapacidad para ser todo lo que se quiera ser. Ni me quejo desde una esquina mientras me niego a elegir nada por miedo a perder todo.
Es sólo una realidad que me ha caído en las narices. No un lamento o un doblepensar existencialista.
Y en una realidad de dos cabezas, yo elijo al abismo.
Elijo tirarme con los ojos cerrados.
Escojo el estómago (porque no es el corazón en donde uno se enamora. No es en él en donde uno siente) en lugar del cerebro.
Y las cicatrices a la tersura del alma sin costuras ni desgarros.
Y los arrepentimientos por venir a la tranquilidad de ciertas estadías, de ciertas decisiones.
Yo elijo y me quedo con eso.
Elijo desconocer por completo las orillas del mar, las tijeras chatas, la comida sin especias, el placer que puede haber en escribir en hojas a cuadros y crear poemas en rima.
Y siempre que me sea posible reivindicaré pese a todo, el arte que esconde el vuelo de una moneda, cuando una cara encierra toda tu vida y la otra absolutamente na-da.

5 comentarios:

Guillermo dijo...

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Hola, hola...

Lo más fácil es elegir uno u otro camino... lo realmente difícil, y quizás lo que realmente tememos, lo que deberíamos considerar, son las consecuencias con las que habrá que cargar, al menos un buen trecho, por tal o cual decisión...
Por otro lado, no hay que olvidar que con mucha frecuencia decidimos sobre situaciones más o menos trascendentales a la luz de estados de ánimo que son sólo momentaneos...
Pero qué va... a fin de cuentas uno es lo que puede, no lo que quiere o debiera ser...
Y a decir verdad, es también cierto que, con más o menos pérdidas, que quizás a la larga vengan a ser en realidad ganancias, uno puede desandar el camino andado para reorientarse por otro que se decida...
Finalmente, quizás, sólo quizás, lo peor que puede uno hacer no sea quedarse en la encrucijada, que a fin de cuentas también es una opción; si no dejar en otras manos, contra nuestra voluntad, una decisión que afectará nuestro, nuestro siempre incierto futuro...

Saludos...
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Arcángel Mirón dijo...

Pero sin errores sería todo muy aburrido. Insoportablemente aburrido. ¿Qué gracia tiene apostar si ya sabemos que vamos a ganar?

Un abrazo, querida Astilla. Te extrañaba.

Valeria dijo...

Elegir un camino es muy dificil porque los otros no los vamos a conocer, los abandonamos antes de tomarlos...

Una cosa es dejarse llevar por el corazón y otra abandonar el resto del mundo, no?

Tomar decisiones intentando tener todo es una meta demasiado inalcanzable. Mejor marcarse pautas y tener la satisfacción de alcanzar pequeños logros poco a poco.

Un abrazo, querida tocaya.

Gregorio Verdugo González-Serna dijo...

La valentía de la elección, que no es más que el ejercicio pleno de nuestra libertad, conlleva que asumamos sin dudarlo las consecuencias, sean éstas las que sean.
Es la forma más digna que conozco de caminar la vida.
Un abrazo.

Tristancio dijo...

En el fondo...
optas por vivir.

Buena elección.

Yo elijo enviarte un abrazo :)